El valle central de Tarija estuvo habitado, antes de la llegada de los españoles, por parcialidades de diverso origen étnico, ya que fue una zona de frontera donde los incas trasladaron indígenas mitimaes, desde sus núcleos originarios hasta la línea de frontera, para defender los límites del imperio incaico ante los avances de los chiriguanos. Una de esas etnias fueron los churumatas.
Las referencias a los churumatas en Tarija son en realidad muy escasas. Las más antiguas están dadas por los testimonios de los quipucamayos incas, los cuales indican que los incas estaban enterados de la presencia de esa etnia cuando llegaron a conquistar la zona, aproximadamente en el año 1480. A los churumatas se les conoce más por los cronistas de la época colonial.
Sobre su origen existen diversas opiniones. Algunos historiadores opinan que eran originarios de la puna de Jujuy (Quebrada de Humahuaca), que ocupaban los valles tarijeños cuando los incas los conquistaron. Otros piensan que probablemente eran parte del colectivo chicha y que hubieran ocupado los valles orientales de Tarija en el periodo previo a la instalación inca en el área.
Hay quienes opinan que los churumatas formaban parte de una unidad lingüística y cultural originaria del Chaco o del piedemonte. El padre Gaspar Osorio (siglo XVII), quien dice haberlos conocido personalmente, los describe como “una nación, cuyos indios eran tan altos, que extendiendo todo el brazo no podía llegarles a la cabeza ………su genio era alegre, comedido y cortés”.
Se cree que los churumatas fueron sacados de Tarija contra su voluntad para ser incorporados, los más jóvenes, a los ejércitos Incas en la conquista de los Chachapoyas, porque sus armas eran el arco y la flecha, consideradas como las mejores y más modernas en ese momento. Luego, los demás fueron distribuidos como esclavos desde Totora y Aiquile al norte hasta Salta, al sur.
Al final este pueblo, posiblemente uno de los más antiguos del valle tarijeño, se extinguió sin dejar rastros de su cultura. Pero hay un testimonio que mantiene su espíritu vivo. En el norte de Chile se entona una canción, Churumata: ❞𝑸𝒖𝒊𝒆́𝒏 𝒄𝒂𝒍𝒎𝒂𝒓𝒂́ 𝒆𝒔𝒕𝒆 𝒅𝒐𝒍𝒐𝒓 𝒑𝒐𝒓 𝒒𝒖𝒆 𝒉𝒂𝒏 𝒎𝒂𝒕𝒂𝒅𝒐 𝒂 𝒎𝒊 𝒑𝒖𝒆𝒃𝒍𝒐, 𝒎𝒊 𝒕𝒊𝒆𝒓𝒓𝒂 𝒂𝒏𝒄𝒆𝒔𝒕𝒓𝒂𝒍. 𝑪𝒓𝒆𝒄𝒊́ 𝒋𝒖𝒈𝒂𝒏𝒅𝒐 𝒆𝒏𝒕𝒓𝒆 𝒔𝒖𝒓𝒄𝒐𝒔, 𝒔𝒂𝒍𝒕𝒂𝒏𝒅𝒐 𝒆𝒏 𝒒𝒖𝒆𝒃𝒓𝒂𝒅𝒂𝒔, 𝒔𝒐𝒏̃𝒂𝒏𝒅𝒐 𝒗𝒐𝒍𝒂𝒓.
